miércoles, 18 de enero de 2017

Zhorugkh, hechicero de hierro (Parte 1ª)

Bienvenidos, intrépidos visitantes de Barak Tor.

Hoy comenzamos un nuevo proyecto para el blog. Hace casi dos años conocí Kings of War (KoW) , un juego de miniaturas para representar grandes batallas fantásticas, me gustó y decidí organizar un ejército de Enanos Abisales, la facción malvada de los enanos en el mundo de Mántica. Y pensé en hacer una serie de entradas en las que presentar mi ejército, acompañándolo de un trasfondo o historia creada por mí. Este es el principio de ese relato. Decir que nunca he escrito nada parecido, así que no esperéis una obra de escritor, si no únicamente un relato que sirve para dar forma y sentido a mi ejército de enanos malotes.


La forma de presentarlo será por tramos en valores de puntos de la lista de ejército, y serán listas legales en su composición mientras encuentre una forma de encajarlas en la propia historia, como no lo tengo todo pintado se irán añadiendo unidades según las vaya terminando.

Las tropas presentadas hoy forman una lista de algo menos de 1000 puntos, los puntos sobrantes serían para objetos mágicos y hechizos. Como el objetivo de estas entradas no es hacer un ejército competitivo, no he creído importante dejar definidos esos objetos o hechizos.

Bueno, sin más preámbulos os dejo con el relato. Espero que os guste y animaros a comentar.


I

La estancia permanecía en tinieblas, solo levemente iluminada por las ascuas que agonizaban enfriándose sobre un altillo de piedra en el centro de la sala. Éstas, no dejaban claro si el lugar se trataba de un laboratorio, un estudio o una biblioteca. Lo poco que dejaban entrever los reflejos rojizos de la débil luz era un amontonamiento de libros, pergaminos, objetos extraños y utensilios de esos que se suelen utilizar para practicar alquimia, todo ello acumulado sin ningún orden, sobre los estantes de unas viejas y carcomidas estanterías.

En un lateral, hacia el rincón más alejado de la puerta, encorvado sobre una rebosante mesa, se revolvía una achaparrada criatura que gruñía incansablemente. La impresionante ira de sus balbuceos no era nada comparada con la desorbitada mirada de sus ojos ensangrentados luchando por no salir disparados de las cuencas de sus ojos.

-¡Maldición!¡Gñrrr!¡Me las pagará ese hijo de una sucia alimaña del abismo!¡Aunque me cueste desaparecer en lo más profundo de La Grieta!- mascullaba la rabiosa criatura.-¡Nadie insulta y humilla de esa manera a Zhorugkh sin que sea despellejado y arrojado a mis pequeños y hambrientos mastines infernales!

El brujo dio un manotazo sobre algunos de los objetos de la mesa desparramándolos por el suelo.Se levantó precipitadamente de ella y con un gesto enérgico se dirigió a una de sus estanterías. Empezó a rebuscar entre los montones de objetos y papelajos, dedicándoles una rápida mirada y arrojándolos detrás de él cuando veía que no eran lo que buscaba. Revolvía un estante arriba, otro más abajo, el de la derecha, uno de más allá... Hasta que encontró lo que buscaba y se calmó, acercó a la escasa claridad el legajo que sujetaba con sus sucias manos. Estaba casi desecho, mohoso y renegrido, pero aún así podían entreverse unos enmarañados renglones escritos en una siniestra y repugnante caligrafía.

Zhorugkh se volvió, avanzó unos pasos rodeando los carbones encendidos y levantó su asimétrica mirada. Allí, a unos dos metros de altura había un agujero oscuro, un túnel ennegrecido por el humo y por el que entraba un ligero resplandor titilante. En la boca del respiradero se recortaba una oscura figura, del color de las rocas que formaban la Gran Grieta del Abismo. Hasta ese momento había estado inmóvil como si de una estatua diabólica se tratara. En el momento en que se percató que la atención se centraba en ella se incorporo y permaneció expectante.

-¡Rastrera y vil criatura, ya sabes lo que tienes que hacer!¡Nos encontraremos allá abajo, en las canteras de obsidiana!- la criatura se dio la vuelta, corrió a cuatro patas a través del estrecho pasaje y cuando estuvo al borde del otro lado desplegó unas pedregosas alas y echó a volar.

Zhorugkh

II

Zhorugkh era un Hechicero de Hierro, uno que se había ganado su posición por sus malas artes, al fin y al cabo como todos. Nadie en la sociedad de los Enanos Abisales estaba ahí por su buen hacer, sino que la traición, el engaño y la falta de escrúpulos para aplastar a cualquier criatura, incluidos los de su propio pueblo, tenía tanto peso como lo hábil que era cada cual en sus funciones.

Desde hacía algo más de cien años Zhorugkh estaba al servicio del Maestro Supremo Arhk Dûm, Tirano de Zarak. No era el único ni mucho menos, su eminencia se rodeaba de un gran consejo de brujos, entre los que Zhorugkh solo era uno más, aunque tenía su mérito el haber sobrevivido a las argucias de los demás hechiceros durante tanto tiempo, y eso solo se conseguía con sabiduría y maldad. Por encima de todos ellos se encontraba Tshuzhag el Malevolente, Supremo Hechicero de Zarak y poseedor del mayor poder a este lado del Abismo, después de Arhk Dûm. Éste Tshuzhag era el que había ridiculizado a Zhorugkh en el último cónclave, y por lo tanto, hacia quien iban dirigidas sus violentas maldiciones de las últimas jornadas.

El brujo no estaba dispuesto a soportar más, había perdido su irascible paciencia y decidió poner fin a su indigna situación. Llegado el momento solo habría dos resultados, o acababa en lo mas profundo de los valles de lava o quizás convertido en una oscura y rugosa estatua de roca negra, o por otro lado terminaría ocupando el cargo de Supremo Hechicero después de aplastar a Tshuzhag. Su determinación no admitía la posibilidad de echarse atrás, ya estaba todo decidido. Sin más preámbulos, se pertrechó con su casco, capa y coraza, se guardó un par de objetos entre las ropas, salió de su estancia, convocó a su guardia y se dispuso a descender a las profundidades acompañado de su báculo.

La guardia de Zhorugkh, dos tropas de Diezmadores

III

El Abismo es una gran cicatriz visible en la superficie de Mántica, resultado de La guerra de los Dioses ocurrida hace milenios. Es una región ocupada por una gran grieta, alargada y profunda. Su alrededor es una gran zona devastada y sus profundidades unas estrechas hendiduras donde el magma bulle sin descanso. Entre una zona y otra hay innumerables barrancos que forman estrechos valles que se entrelazan unos con otros.En los dos extremos de La Grieta Se encontraban las dos ciudades de los enanos abisales, Deiw en el extremo occidental y Zarak en el oriental, las profundidades y la zona central eran ocupadas por otros seres...

Los Enanos Abisales llegaron allí hace siglos, atraídos por sus riquezas minerales y por la maldad brutal que emana la región, era un lugar reservado solo para unos pocos. Sabían que allí, en las profundidades moraban los Abisales, malignas criaturas que las demás razas de Mántica tenían por demonios. Pero su ansia de poder les indujo a establecer relaciones con los originales habitantes de la grieta y aprender de ellos las artes oscuras que ahora dominan.

Las escarpadas paredes de roca estaban salpicadas por aberturas de cuevas, bocas de túneles que comunicaban unas con otras y que derivaban en innumerables estancias y residencias escavadas por los esclavos de los enanos. Estrechas y peligrosas cornisas zigzagueaban entre unas cuevas y otras de manera que también se unían por el exterior. La atmósfera  estaba cargada por nubes de gases que subían desde las profundidades y la iluminación era tenue, sin distinguirse el día o la noche, ya que la poca que existía no provenía del sol, si no de los reflejos titilantes producidos por la lava.

El grupo había descendido hacia las profundidades a través de innumerables escalinatas dentro de los túneles, pero ya hacía un buen rato que descendían por la zona exterior, donde el fulgor rojizo era más intenso al estar más cerca de los grandes ríos de lava. Allí, unos recodos más adelante se encontraba una gran acumulación de obsidiana bañada por el denso magma.

Zhorugkh dió una orden a sus acompañantes, estos le rodearon dándole la espalda y preparando sus trabucos montaron guardia controlando los accesos. El brujo se acercó a la acumulación de oscuro mineral, sacó el ajado manuscrito y tomó en alto un siniestro talismán y comenzó la letanía.

-¡Lharkum ghoktha zarohk!¡Lharkum ghoktha zarohk!- repetía una y otra vez el enano, cada vez más impaciente. Sabía que este proceso era lento y que los nervios no le podían traicionar. Todo era cuestión de tiempo.

Horda de Golems Menores

IV

Llegado el momento el magma comenzó a borbotear con más frecuencia y Zhorugkh supo que era el momento, se acerco el legajo a la vista y comenzó a leer. Emitió una extraña y arrítmica letanía, con voz grave pero que por momentos se trasformaba en una chirriante exclamación, y la obsidiana comenzó a temblar, empezaron a desprenderse extractos de roca y el cúmulo oscuro empezó a crecer, a levantarse lentamente. La roca, antes informe se convirtió en algo definido, media docena de ciclópeos seres tomaron forma y antes de que terminaran de desprenderse de su roca madre empezó a surgir un titán aún mas grande que los anteriores. Una vez los golems terminaron de formarse permanecieron a la espera, faltos de voluntad.

El hechicero cambió el tono de voz y adelantando el talismán exclamó: -¡Por el poder que os ha invocado y por el talismán al que estáis atados, en agradecimiento, me reconoceréis como vuestro amo y señor hasta que volváis a derrumbaros como simples montones de obsidiana!- de repente, un fulgor rojo intenso surgió del talismán, y siete partículas de luz salieron despedidas del interior de este hasta incrustarse en el pecho de cada uno de los golems. En ese preciso instante los gigantes de piedra cobraron vida, se les encendió la mirada y empezaron a moverse entre crujidos rasposos.

-¡Vamos! Dejaros de holgazanear, ya tendréis tiempo durante el ascenso de estirar vuestros miembros ¡Ahora en marcha!- ordenó.

Zhorugkh se puso a la cabeza del grupo, y levantó la vista como esperando vislumbrar algo entre los turbios vapores de la grieta. Allí, a lo lejos, se adivinaba un numeroso grupo de difusas formas aladas. Entonces el brujo soltó una exhalación de tranquilidad.-Parece que por una vez todo va según lo planeado- se dijo a sí mismo.- ¡Daros prisa! ¡Tenemos un ejército que organizar!.

Continuará...

Gran Golem de Obsidiana

Dos tropas de Gárgolas

Ejército de 1000 puntos

4 comentarios:

  1. Buena introdución, a ver hasta cuantos puntos llegas.....

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    1. Gracias y bienvenido!!!
      A ver, a ver...
      Hasta donde pueda.

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  2. Bueno, algo tarde pero aquí estoy xD

    Interesante introducción, y ganas de ver tomate, aunque me da a mí que este Zhorugkh en el fondo es un acomplejado y no va a poder darle lo que, desde su punto de vista, merece Tshuzhag.

    A la espera de la siguiente entrega quedo, Víctor.

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